domingo, 12 de febrero de 2012

Argumentos para soñar

Nadie sabe a ciencia cierta el día exacto de su muerte, así como nuestros padres jamás pudieron haber cuadrado el día exacto de nuestro nacimiento. Tal y como muchos filósofos y dependientes del ramo lo han dicho a lo largo del tiempo. Nacemos, crecemos, nos convertimos en adultos, en adultos contemporáneos, para ser menos crueles. Todo es cuestión de asumir los ciclos que vamos viviendo. Asumirlos como algo natural. La experiencia va alimentando nuestra actitud, nos va moldeando, así de sencillo.

Cuando somos niños, el tiempo pasa lentamente. Por ejemplo, queremos que lleguen pronto las navidades, y nos parece que el tiempo se obstinara en hacerse denso, lerdo. Se ralentiza el tiempo, y nosotros nos llenamos de angustia, nos desesperamos. Cuando llegamos a la treintena, sobre todo, comenzamos a notar que el tiempo, ese mismo caracol escurridizo, ya no es tan lento como quisiéramos. Y de nuevo nos enfrentamos a su argucia de relojes y segunderos, pero esta vez queremos que fluya con lentitud, porque nos vamos dando cuenta de que hemos perdido muchas horas, semanas, meses y hasta años, en cosas inútiles o poco enriquecedoras, aunque algunos atesoren riquezas materiales. Así es el tiempo, ese ente atroz, tozudo, que siempre nos lleva la contraria.

Es por ello que debemos actuar con criterio claro, con sentido común. Si sabemos que el tiempo es como una riqueza irrecuperable, aprovechémoslo al máximo, saquémosle todo el provecho posible. Asumamos una actitud positiva, alejemos los malos sentimientos, vivamos con decisión, con alegría, pero con los pies bien puestos sobre el planeta.

No descarguemos en los demás nuestras culpas, nuestros desatinos. Recordemos que somos los constructores de nuestro propio destino. Nadie decide por nosotros, seamos los dueños de nuestras miserias y nuestras posibilidades. Seamos tolerantes, tratemos a los demás como lo que son, como seres humanos, que pueden equivocarse como nosotros, que pueden remediar las cosas, que buscan ser felices.

Observemos a nuestro alrededor con detenimiento. Siempre vamos a encontrar motivos para vivir sin mezquindades ni orgullos. Una puesta de sol, el saludo de algún conocido, la sonrisa de nuestros hijos, la mirada esperanzadora que nos aguarda por doquier. Es el sonido de la vida, interpretado por las orquestas del porvenir. Siempre habrá un motivo para soñar, para ser mejores. A pesar del tiempo, de las contradicciones de este mundo, de las metrallas del odio y la avaricia.

Cine y Educación

Un encuadre, una imagen, el uso de la luz, el sonido, los efectos especiales, la construcción narrativa de una historia mediante la yuxtaposición de planos, son los ingredientes fundamentales que pueden hacer de una puesta en escena toda una obra de arte, que seduce y genera en el público un enternecimiento de alcances ilimitados, un desbordar de emociones, una ventana inefable a lo inaccesible de la vida.

En efecto, el cine constituye en la actualidad uno de los medios de comunicación más importantes, pues éste aglomera diversas artes y ciencias, tales como la literatura, la pintura, la arquitectura, la informática, entre otras. Una de las características del lenguaje cinematográfico es que éste es exclusivamente audiovisual, en el que intervienen diversas técnicas y elementos que constituyen un mensaje trabajado y estructurado de manera consciente. En efecto, la información transmitida por un film, es el resultado de la fusión de los elementos cinematográficos que confluyen en el “lenguaje audiovisual”.

El lenguaje audiovisual utiliza como medio de expresión los siguientes elementos: El espacio fílmico, el ritmo fílmico, el tiempo fílmico, la escala fílmica, luz fílmica, la luz fílmica, el movimiento fílmico, el sonido fílmico, el tono y el color fílmico la estructura narrativa fílmica y los ángulos.

Cuando nos apoltronamos a observar una película, estamos próximos a acceder a una realidad contada desde una óptica específica, una historia, que por más fantástica que pueda ser, es parte de nuestra realidad. El cine nos instruye, nos lleva a reflexionar, en muchos casos, sobre los principales problemas y preocupaciones del hombre contemporáneo. El cine nos permite instantes de sosiego, de paz, de algarabía y emoción.

Una buena película es como un libro abierto, en el que podemos reflejarnos. De allí la importancia de apreciar la utilidad del llamado séptimo arte, en el crecimiento intelectual y personal de los individuos. En el campo educativo, por ejemplo, el cine puede llegar a ser una herramienta formidable. En todas las áreas o asignaturas se puede emplear una película, como apoyo o refuerzo de aprendizajes, incluso como espacio para el encuentro y la camaradería.

En una oportunidad, utilicé la película El cartero de Neruda como apoyo al momento de explicar lo relacionado con los recursos expresivos del lenguaje, obteniendo excelentes resultados. Querer es poder. Lo importante es planificar muy bien este tipo de actividades educativas. A veces pienso que gran cantidad de docentes, subutilizan muchos de los recursos tecnológicos con que contamos actualmente, lo cual es una situación bien lamentable, que es preciso transformar.

sábado, 11 de febrero de 2012

Una poética de la lectura


Hace algunos días, participé en un taller relacionado con las investigaciones del neurólogo estadounidense Howard Gardner, las cuales se enfocan en develar las diferentes formas que tenemos los individuos para reconstruir el conocimiento. Al hablar de la inteligencia lingüística, el profesor de la UPEL Oscar Cáceres, quien conducía la jornada, hizo énfasis en la importancia que tiene para el proceso educativo, el hecho de que los docentes promovamos actividades y ambientes que activen los procesos de lectura y escritura en niños y jóvenes.

No obstante, lanzó una cruda e inobjetable reflexión, y es que al referirse a este punto, lamentó que muchos docentes no tuvieran el hábito de la buena lectura. Me sentí identificado con este reclamo. Porque si queremos promover la formación de estudiantes investigadores, cuyos conocimientos sean algo más que datos e informaciones vacuas y a menudo desactualizadas, es preciso desarrollar en éstos sus competencias lectoras. Que sepan inferir, parafrasear, emplear acertadamente los aspectos formales, distinguir los diferentes tipos de textos, las tramas que subyacen, el mundo de relaciones semánticas que palpitan en un buen texto escrito.

Aunque muchos docentes, investigadores, sociólogos, comunicadores y hasta padres y representantes sean conscientes de esto, en la práctica, por lo menos en el medio donde me desenvuelvo, es muy poco lo que realmente se hace a fin de generar espacios educativos que promuevan de manera eficaz y sistemática el hábito de la lectura. Esta situación responde a un estado de cosas que humildemente quiero dilucidar.

En primer lugar, el sistema educativo venezolano, a pesar de los cambios que se han querido llevar a cabo, sigue siendo en muchos casos, tradicional, en donde la copia y la repetición determinan lo didáctico. Así pues, la lectura como herramienta en la formación de estudiantes investigadores brilla por su ausencia. Leer sigue siendo una tarea solitaria, practicada por muy pocos estudiantes, por muy pocos docentes.

Otro factor que creo importante resaltar es la manera como se ha intentado promover la lectura. Muchos docentes en su afán por acercar a sus estudiantes a la buena lectura suelen cometer un grave error. El error consiste en querer que los jóvenes lean Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, Rayuela de Julio Cortázar o la Odisea de Homero, lo cual en muchos casos, es como enfrentar a un boxeador amateur con un peso pesado profesional. Creo que los a los jóvenes debemos enamorarlos de la buena lectura por medio de textos como El principito de Saint Exupery, cuentos cortos de García Márquez, de Pedro Emilio Coll, Oscar Guaramato, de Rosa Montero, Roberto Echeto o Juan Carlos Méndez Guédez.

viernes, 10 de febrero de 2012

El ayer en una canción





Yordano tenía el cabello espeso y oscuro, aunque era igual de delgado que ahora, su presencia se traducía en locura, la guitarra instalada sobre su pecho, y su voz afinada y potente cantándole al amor, a una Caracas, espejismo de lo moderno, lo perenne y lo fugaz; todo en una canción, en unos cuantos acordes, en el ritmo preciso y cadencioso, en una época en que Venezuela exportaba las mejores telenovelas del continente, los mejores músicos, los escándalos torpes de una farándula incipiente, ingenua, provisoria.

En el ocaso de los ochenta, una de mis hermanas mayores era fanática de Guillermo Dávila. Entonces “el musiquito” con el cabello negro y alborotado, con ojos saltones y pícaros, y una sonrisa eterna, adherido a las paredes de su cuarto, y la locura cuando era presentado en Sábado Sensación (cuando éste era un programa bueno de verdad), y los gritos de las muchachas de los barrios pobres que tenían la oportunidad de tener de cerca al ídolo de una generación, y mi hermana muerta de envidia, soñando con poder abrazarlo detrás de los camerinos; era bestial, una época bonita, hasta inocente, mientras la pobreza crecía, al igual que la corrupción, y los embarazos no deseados, y el sida.

En Radio San Cristóbal pasaban la música que nos gustaba a mis hermanas, a mis amigos, a mí. Aditus, Feedback, Témpano, Soda Stereo, Enanitos Verdes, Sentimiento muerto, Zapato 3, Ankla, Pentágono, Prisioneros de Chile, Miguel Mateos, Melissa, Elisa Rego, Pablo Manavello, Frank Quintero, Karina, entre otros, formaban parte de la musicalización de la emisora ícono del movimiento juvenil sancristobalense de la época. Programas como “Ahí la tienen”, revolotean en nuestras memorias, con leve melancolía.

Al hablar de esta emisora, por cierto, recuerdo que en más de una oportunidad, nos pasábamos horas cerca de la radio a fin de poder grabar nuestras canciones favoritas; entonces los casetes eran, en muchos casos, utilizados una y otra vez, algo que para los chicos de hoy, internautas desde la cuna, testigos de lo que para nosotros era impensable, puede parecer estúpido, pero que para muchos de nosotros (me refiero a los que estamos por encima de la treintena) constituye una zona tierna de nuestro ciclo vital. Muchas de esas canciones son una suerte de sondtrack en aquellas historias con las que crecimos y aprendimos a vivir.

Cada época tiene sus modas musicales, su movimiento. En cuanto a la música tropical, muy buenos artistas coparon la escena nacional e internacional. Miguel Moly, Diveana, Natusha, Roberto Antonio, Wilfrido Vargas, Las Chicas del Can, Rudy Pérez, Juan Luis Guerra y 440, y los capos de la salsa erótica, nos hicieron bailar como nunca. Hoy, a pesar del tiempo, siguen haciéndolo; hay cosas insuperables, tonos que por geniales perduran en el tiempo. Así pues, estas canciones que nos transportan, nos hacen revivir un leve sobresalto, un gesto único enmarcado en una tonada, en los despechos efímeros, las alegrías, la bohemia de una adolescencia vivida a plenitud, pero sanamente, cuya única droga era la música, los besos furtivos, las noches que a pesar de todo se repiten, en cada melodía, en cada solo de guitarra, como una procesión de memorias tiernas, infinitas.


jueves, 2 de febrero de 2012

El valor del esfuerzo

El fin de semana vi una película basada en la vida de la escritora J. K. Rowling. En ésta se presentaba a la escritora británica, desde la niñez hasta que obtuvo la fama mundial, no sólo en la literatura sino también en el cine, con la saga de Harry Potter. No sé si la historia es totalmente verídica, pero nos presenta las vicisitudes que enfrentó Rowling, a fin de lograr su sueño: ser escritora.

Según el film, la tenacidad y la perseverancia fueron elementos claves en la vida de la ahora diva literaria. A pesar de todo lo que tuvo que enfrentar, la escritora jamás cesó en su empeño por crear historias que “tuvieran vida propia”. De tanto ir y venir, las historias se fueron enlazando, creando un universo autónomo, creíble, enternecedor y cargado de acciones fantásticas. Como siempre suele suceder con los escritores noveles, el libro fue rechazado por más de una casa editora. Rechazos que aunque amargos, no pudieron trastocar los sueños de la entonces profesora de primaria. Finalmente, como fruto de la fe y la esperanza, alguien creyó en su historia, convirtiéndola en uno de los acontecimientos literarios más importantes de los últimos veinte años.

Es indudable que uno de los mensajes de la película es el valor del esfuerzo. Y es que en este mundo nada puede ser producto de la casualidad. Opino, desde mi experiencia, que la causalidad es la clave del asunto. Cuando se busca una meta, se traza una ruta, lo importante es mantener el espíritu y todas las energías orientadas en tal dirección. Si quiero mejorar mis competencias como futbolista, por decir algo, debo como mínimo entrenar todos los días, y el máximo de horas posible. Si quiero aprender un idioma, de igual modo, debo practicar todos los días, con ahínco, con tesón.

Muchos países han superado grandes catástrofes naturales, gracias a su gente, al valor del trabajo organizado, del esfuerzo en conjunto. Lamentablemente, otras naciones se amparan en riquezas no renovables, con la ausencia del esfuerzo verdadero. Dádivas de estados paternalistas conllevan al deterioro de este importante valor. Así pues, encontramos sociedades superfluas, abotagadas de orgullo, viviendo entre un status insustancial y la codicia. Lo peor es que muchos gobernantes se aprovechan de este estado de cosas, e invierten en mantenerlo.

El valor del esfuerzo, la tarea emprendida y concluida de la manera más honesta posible, la responsabilidad, la creatividad, la tolerancia, el llevar a la práctica la teoría, son factores determinantes en el desarrollo personal y profesional de todo individuo, de todo país.

sábado, 7 de enero de 2012

número 1

Su perfume: un latigazo del tiempo. Un aletear de aves silenciosas